| Escrito por Gabriel, el 26-12-2007 22:25 |
La noche del 21 de diciembre de 1987 marcó una bisagra en el rock
argentino, al llevar al músico a la historia y convertirlo en un
emblema cuyo nombre se sigue agigantando día a día.
Fue un suspiro, apenas cinco años en la escena del rock local desde el
debut de Sumo en El Palomar en 1982 hasta su muerte la madrugada del 22
de diciembre de 1987 por una cirrosis crónica, pero Luca Prodan marcó
para siempre la historia del rock argentino y a 20 años de su muerte su
nombre se agiganta.
Su rostro se multiplica en miles de
remeras y su figura, como un indescifrable signo de todo aquello que
expresó alguna vez el rock -una rabiosa actitud antisistema, un
perpetuo presente, un modo de exponer el cuerpo siempre al límite y
unos pocos acordes para contar un viaje desgarrador o festivo- se
transformó en un emblema que resiste el olvido.
La aparición
de Luca en la escena del rock vernáculo fue la de un objeto no
identificado. Traía de Londres las últimas imágenes del rock sinfónico
en estado de coma, la furiosa actitud punk y los nuevos aires del
reggae, todavía desconocidos en estas playas.
Formó, junto a
Los Redonditos de Ricota y Los Twist lo más innovador y revulsivo de la
escena under que se juntaba en el Café Einstein de Omar Chabán en los
finales trágicos de la última dictadura militar y desde allí construyó
uno de los discursos artísticos más potentes del rock local.
Los
discos oficiales de Sumo en vida de Luca fueron tres y en tres años
sucesivos: "Divididos por la felicidad" (1985), donde están "La rubia
tarada", "Mejor no hablar" (compuesta por el Indio Solari), "El reggae
de paz y amor" y su versión de "Kaya", de Bob Marley.
Luego
vinieron "Llegando los monos" en 1986 con "Viejos vinagres" y "Que me
pisen" y en 1987 "After Chabón", con la bellísima "Mañana en el Abasto"
y "Lo quiero ya", que con su frase "no sé lo que quiero pero lo quiero
ya" sintetizó toda una época o un estado del espíritu de una época.
Nacido
en Roma en mayo de 1953, Luca estudió en el aristocrático colegio
escocés Gordonstown College, del que se fugó antes de recibirse, y
llegó a las sierras de Córdoba en 1981 escapando a la heroína y el
suicidio de su hermana que lo habían puesto al borde la muerte.
Desde
allí, y luego de unirse a Germán Daffunchio primero, Alejandro Sokol
después, Diego Arnedo, Roberto Petinatto, Ricardo Mollo y Alejandro
Troglio, más tarde, dio origen a Sumo, una banda que dejó para siempre
su marca en el rock argentino y que creció en popularidad y significado
después de su muerte.
Además de eso, Luca fue una permanente
voz de alerta y denuncia contra cierto provincianismo de los rockers
nativos, como cuando señaló: "Acá hay demasiada seriedad, todos quieren
ser profesionales y se olvidan que el rock es una locura".
Una
voz desafiante también del star-system cuando afirmó: "Manejar el poder
es como manejar explosivos, te podés hacer mierda vos mismo" o "la
heroína es la segunda droga en importancia, la primera es el poder",
una frase que con algunos cambios repetiría Diego Maradona 15 años más
tarde.
Liberado de la heroína que lo consumió en la Europa
tatcherista, Luca no pudo escapar a la bebida y dejó en claro esta
situación.
"Nunca pensé que la ginebra fuera el elixir de la vida, más bien es el elixir de la muerte", dijo en un reportaje.
El
20 de diciembre de 1987 ofreció su último recital en estadio del club
Los Andes, donde dijo, antes de cantar una canción "ahí va la última",
para los 500 jóvenes que lo
escuchaban.
Después murió,
entre la noche del 21 de diciembre y la mañana del 22 en que lo
encontraron en su cama de la pensión de San Telmo donde estaba
viviendo, sin conciencia de la "pequeña revolución" que había desatado
y que aún algunos reivindican, aunque más abajo que arriba del
escenario.
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